EL ENTRENAMIENTO CABE EN UNA FURGO
Para nosotras, moverse es un lenguaje. Es juego, es presencia, es salud. No se trata de entrenar “porque toca”, sino de reconectar con lo esencial: sentir el cuerpo, usarlo, disfrutarlo. Por eso dividimos nuestro movimiento en dos capas que se mezclan sin reglas.
Los mini breaks: esos pequeños momentos que se cuelan en el día. Levantarte después de un rato sentada, estirar la columna, mover brazos y piernas, hacer unas flexiones o unas sentadillas rápidas. Nada planeado, todo espontáneo. Incluso los paseos de Gala cuentan: saltamos, hacemos equilibrio y jugamos. Son pausas activas que mantienen el cuerpo despierto y la mente ligera. Pequeños recordatorios de que estamos vivas.
Los entrenos conscientes: aquí no hay máquinas, ni rutinas aburridas de tres por doce, ni espejos que te juzgan. Nosotras preferimos otro enfoque: mover el cuerpo como un todo. Fuerza, agilidad, movilidad, coordinación… todo cuenta. Buscamos movimientos funcionales, pensados para que cada gesto tenga sentido y nos haga sentir capaces de afrontar cualquier situación en la vida real. Entrenos cortos o adaptados al lugar, pero siempre completos, intensos y disfrutables. Entrenamos no para “verse bien”, sino para estar bien.
El material que llevamos se ha convertido en nuestra caja de trucos nómada Nuestro material se ha convertido en una y cada pieza tiene su historia: las gomas elásticas nos permiten trabajar brazos sin ocupar espacio, perfectas para improvisar en cualquier rincón. La kettlebell es como un pequeño reto con asa. Nos desafía a mover el cuerpo de manera coordinada y no te deja hacer trampa: o estás presente o lo notas.
El rope flow es puro juego. Es solo una cuerda y tu cuerpo moviéndose al mismo ritmo. Giras, fluyes, respiras. Entrenas fuerza y coordinación sin darte cuenta y, de paso te ríes un poco cuando alguien te mira sin entender nada. Las anillas, aunque a veces difíciles de instalar, son otro nivel. Inestables y exigentes. Te obligan a usar cada músculo, a encontrar el equilibrio en el caos. Y, por último, las pelotas de tenis. Estas nos sirven para tanto para malabares como para entrenar coordinación y reflejos con un toque divertido.
Todo se adapta al lugar y al momento, y nos permite que cada sesión sea distinta y dinámica. Y sí, los días de lluvia son otra historia. Esos días nuestra furgo se transforma. Cuatro metros cuadrados se convierten en nuestro gimnasio: sentadillas profundas, lunges, flexiones, equilibrio, movilidad… sin excusas. Porque moverse no es lujo ni obligación: es cuidado, energía y presencia.
Mini hacks para moverte en cualquier lugar:
- Después de una hora sentada: levántate, haz 10 sentadillas, 10 flexiones y sigue con lo tuyo.
- Mientras cocinas: ponte de puntillas, estira brazos y espalda, añade unos lunges improvisados.
- Durante los paseos con tu perro: cambia ritmos, juega con el equilibrio, haz saltos cortos.
- Cuando hay poco espacio (o llueve): despeja un rincón de la furgo y muévete como puedas.
- Haz mini breaks cada cierto tiempo: cuello, columna, hombros, caderas. Un par de minutos bastan para resetear cuerpo y cabeza.
- Estos pequeños gestos suman, y junto a un entreno consciente más completo, te permiten mantener fuerza, movilidad y energía alta, aunque estés viajando y el día a día sea imprevisible.
El movimiento no es una meta, es un camino. No es contar repeticiones ni levantar más que ayer. Es entender el cuerpo, confiar en él y usarlo para vivir mejor. Moverte para mantenerte despierta, libre y viva. Cada swing, cada salto, cada estiramiento, cada pausa cuenta. Y si alguien te mira raro mientras lo haces… perfecto. Significa que estás en movimiento, y el movimiento siempre llama la atención de los que se quedaron quietos.
Si, como a nosotras, te gusta moverte libre pero aprecias tener recursos que te faciliten todo el trabajo, esto te puede interesar. Entrenos listos, retos, ideas, correcciones… todo para que no tengas que inventar nada y puedas concentrarte en moverte de verdad. Y lo mejor: no estás sola. La comunidad acompaña, anima y celebra cada pequeño logro. Cada persona comparte sus entrenos, sus dudas y sus progresos, y los demás apoyan y celebran. Aunque estés en tu furgo, en casa o en la otra punta del mundo, siempre hay alguien ahí contigo.