CAOS ORGANIZADO SOBRE RUEDAS
Cuando empezamos a pensar en cómo organizar la furgo, nos mirábamos la una a la otra y decíamos: «¿Y ahora qué?» Ropa, comida, maletero… un caos total. Y lo peor: nada nos inspiraba y todo lo que veíamos eran furgos perfectas, ordenadísimas, como sacadas de un catálogo. Y nosotras ahí, intentando imaginar cómo cabría todo sin morir en el intento.
Al final aprendimos que cada persona se organiza a su manera. Lo que nos hubiera venido genial era ver ejemplos de «esto funciona», «esto es un desastre total», «esto lo necesitas» y «esto no lo usarás jamás». Porque sí, al principio fue mucha prueba y error, cajas moviéndose, tuppers que no cabían, ropa que no sabíamos dónde meter… y, entre cajas y tuppers revoltosos, nos reíamos más de lo que nos frustrábamos.
Al final, decidimos que la mejor manera de mantener algo en orden era poner todo en cajas. Cada caja tiene (más o menos) su categoría: ropa de nieve, productos de limpieza, cosas de la Gala, juegos y libros, tuppers… Y sí, algunas cosas acaban en cajas que «no les toca», pero es la ley de la furgo: si no entra, se improvisa.
Lo bueno de tener todo en cajas es que nada se mueve ni nada se desordena, incluso en curvas imposibles o cuando frenamos de golpe. Y lo mejor: aunque haya caos dentro de cada caja, al final todo tiene su orden. Aprendimos a convivir con ello y a reírnos cuando abrimos una caja buscando un libro y nos encontramos con un juguete de Gala, ese que perdimos en el último viaje.
La ropa fue otro rompecabezas. Nos dimos cuenta tarde de algo básico: poner lo que usamos más a mano y lo que usamos menos un poco más escondido. El estrés y lo evidente nunca han sido grandes aliados…
Para ganar espacio pusimos un baúl en el techo. Hasta que llegamos a las Lofoten y, zas, el baúl salió volando. La ropa no, esa sobrevivió intacta, pero fue suficiente para aprender que en la furgo siempre hay que dejar margen para lo inesperado.
Ahora doblamos toda la ropa en «sobrecitos». Ocupa menos, se apila mejor y es mucho más fácil de guardar. Eso sí, siempre hay que improvisar un poco, porque en la furgo nada queda quieto del todo y siempre aparece un calcetín fuera de sitio.
Solo un apunte rápido: la despensa en la furgo es un Tetris de tuppers, tarros y otras cosas que parecen no tener fin. Pero no os preocupéis, tenemos un apartado dedicado solo a eso, para haceros la vida un poco más fácil… o, quién sabe, quizás para liarla un poco más.
Al final, vivir en la furgo es mezclar caos y orden: algún calcetín perdido, un juguete fuera de sitio o un tarro que no encaja nunca donde debería… y reírse un poco de todo eso. Organizar maletero, ropa y despensa no es cuestión de perfección, sino de encontrar tu ritmo, improvisar y, sobre todo, no tomárselo demasiado en serio. Porque lo importante es que funcione para nosotras y nos deje disfrutar de cada kilómetro y cada momento en la furgo.