TODO GIRA ALREDEDOR DE SUS CUATRO PATAS
Tener una perra te cambia la vida.
Y tener una perra en una furgo, la cambia todavía más.
En realidad, nuestros planes nunca han girado solo a nuestro alrededor. Cuando vivíamos en casa, intentábamos mantener su rutina lo más estable posible. Pero desde que vivimos en la furgo, todo funciona distinto: ahora ella marca el ritmo. Si le apetece salir a las siete de la mañana, se sale. Si después de cenar decide revolcarse por la hierba, pues allá que vamos. Si quiere dormir, dormimos. Si quiere mirar por la ventana, nos quedamos un rato más.
Al final, vivir con ella en la furgo es moverse a su ritmo: más lento, más presente. Ella manda. Es la parte más importante del puzzle y todo lo demás se adapta a eso.
Los días de carretera son más cortos para todas: paramos más, paseamos menos.Y los días de lluvia… bueno, esos ya son otro tema. Entre la logística de la furgo y las ganas de no acabar empapadas, salimos cuando parece que llueve «un poco menos» (aunque esa frase nunca haya sido realmente cierta).
Como ya habéis podido comprobar, ella decide mucho en nuestro hogar con ruedas. Sus cosas son igual de importantes como las nuestras… quizás incluso más. Así que aquí va todo lo que llevamos para ella.
Su despensa rodante
En la furgo lleva lo esencial: su comida, cuenco para el agua, Lickimats (muchas, para estimularla mientras come) y, por supuesto, su arnés, collar y correa. Llevamos bolsas de caca por todas partes, listas para cualquier emergencia… y, por arte de magia, justo el día que hace caca, ninguna aparece. Menos mal que las que ponen en la calle siempre vienen al rescate… y si no, nos las ingeniamos para recogerla como sea.
Juguetes, pelos y otras aventuras:
Su kit de cuidado incluye peines, jabón, desenredante, juguetes y, por supuesto, chuches, muuuuchas chuches.
Con su pelo largo, parece que nunca deja de traer souvenirs: hojas, palitos, incluso pequeños trozos de bosque… a veces hay más naturaleza dentro de la furgo que fuera. Pero lejos de ser un problema, cada pelo y cada hoja forman parte de la aventura. Limpiar, peinar, jugar y reírnos con ella se mezcla todo en el mismo ritmo de viaje.
Y, por supuesto, nuestra aliada secreta: la mariquita mágica, que quita pelos de todos lados. De verdad, debería venir incluida con la furgo.
El sofá siempre gana
Aquí dentro, ella decide cómo y dónde quiere ponerse cómoda: a veces se estira en su cama (sobre todo en verano, con su manta fresquita para no asarse en la furgo-horno), otras prefiere un rinconcito en nuestro sofá o subirse a nuestra cama, y nosotras nos adaptamos como podemos.
En invierno, el sofá suele ganar y ella se planta allí a su manera. Llevamos mantas para taparla, toallas limpias para el sofá o para secarla si se moja, y su albornoz para esos días de lluvia en que llega empapada… sí, incluso llevando su chubasquero.
Y aunque dejemos un poco de caos detrás —mantas arrugadas, algún juguete fuera de sitio y pelos por todas partes— todo forma parte de su pequeño reino dentro de la furgo. Viajar juntas significa pensar también en su comodidad: que pueda dormir, descansar y sentirse segura, mientras nosotras seguimos a su ritmo.
Su botiquín natural
Nunca salimos de ruta sin su pequeño botiquín: quita-garrapatas, vendas y algunos básicos por si surge cualquier imprevisto. Además, cada mañana toca su combo de suplementos: colágeno, espirulina y golden paste (curcumina, aceite de coco y pimienta negra). Todo para mantenerla activa y saludable.
Viajar juntas significa pensar también en lo inesperado: estar preparadas nos da tranquilidad y a ella seguridad para disfrutar de cada parada y paseo.
Y sí, además de todo esto, llevamos su cartilla, pasaporte y todos los papeles en regla… no vaya a ser que tenga problemas en la frontera.